Después de una noche de insomnio total en un hotel de Barcelona provocado por los nervios del viaje, me levanto antes de las 6 de la mañana para coger el primer tren al Aeroport del Prat. Perder ese tren es una premonición de lo que pasará a lo largo de todo el periplo hispano-americano.
Teniendo en cuenta que mi vuelo a Atlanta con la compañía Delta no sale hasta las 10 de la mañana, perder el primer tren al Prat tampoco supone un gran drama y menos teniendo en cuenta que el siguiente tren es 20 minutos más tarde.
Por lo tanto, antes de las 8 h. ya estoy en la T1 del aeropuerto barcelonés, realizo el 'check in' sin problemas gracias a un chaval argentino de Delta que me atiende con suma simpatía y me consigue un asiento al lado de la ventana en la última fila del avión, evitando sentarme en el bloque central y con pasajeros a los dos lados.
Paso el control de maletas y voy a desayunar, mientras compruebo toda la información referente al vuelo. Todo en orden. Sólo hay una cosa que no me cuadra y es que la zona donde se encuentra la puerta de embarque que indica la tarjeta, la 'A', no coincide con la que hay indicada en las pantallas informativas de la terminal, la E. Típico...
Camino de Información vuelvo a mirar las pantallas y, efectivamente, no es la misma puerta. Me dirijo a la 'E', y mientras lo hago me acuerdo que tengo que llamar a mi compañía de telefonía móvil para indicarles que me bloqueen el servicio de Internet en mi teléfono para evitar disgustos innecesarios en la próxima factura.
Mientras realizo la operación, de repente me encuentro, sin darme cuenta, en la zona de recogida de maletas. Cómo demonios he llegado hasta ahí buscando la zona 'E' de la terminal?
Dejo de lado el móvil y me dirijo a una chica de seguridad que por mi cara ve que me he perdido. Ella, muy amablemente, me indica cómo volver a la zona donde me encontraba antes de entrar en la recogida de maletas, pero me advierte que debo volver a pasar el control de maletas. Madre mía! Está visto que no se pueden hacer dos cosas a la vez y menos siendo hombre...
Finalizo la llamada con éxito y vuelvo a hacer el recorrido que había hecho nada más llegar al aeropuerto. Sólo falta media hora para embarcar! Y eso que iba con tiempo...
Por suerte el recorrido es rápido y en menos de un cuarto de hora ya estoy enfrente la puerta de embarque y aún me tengo que esperar. Menos mal!
El embarque se realiza con media hora de retraso lo que me permite recuperarme de la maratón que acabo de hacer cargado con tres bolsas de mano, ya que no he querido facturar nada.
Subo al avión sobre las 10 h., hora prevista para la salida, y me acomodo en mi nuevo asiento asignado, no sin antes tener los habituales problemas para colocar las maletas en los compartimentos al uso. Al final consigo meter sólo una de las tres bolsas, por suerte la más grande, dos compartimentos más allá de mi asiento y con el riesgo de matar a uno de los pasajeros con un 'djembé' de otro que le está a punto de caer en la cabeza al colocar mi bulto.
Finalmente, me siento, y compruebo que mi acompañante es un chico español equipado con una gorra Nike y abarcas (!) que ya vi antes de subir al avión con su pasaporte en mano de mi misma nacionalidad.
Pienso que también es casualidad que los dos únicos pasajeros españoles que viajan en el avión, el resto són americanos, se sienten juntos, y además que los dos nos llamemos Jordi. Bien, él Jorge ya que es medio mexicano-medio español, como sabré a largo del viaje.
El avión tarda más de una hora en despegar por culpa de un problema con unas maletas que no llegan, tiempo que aprovecho para leer la prensa del día, mientras mi compañero echa una cabezadita.
Despegamos a las 11 h. y al cabo de una hora ya nos están sirviendo un refresco y los clásicos 'cacahuetes de avión', fríos por fuera y por dentro. Jorge y yo aprovechamos el aperitivo para conocernos un poco mejor, ya que pasaremos más de diez horas compartiendo los mismos dos metros cuadrados.
Jorge me cuenta que es mexicano pero que desde que tenía 10 años, ahora tiene 26, que se trasladó a vivir a España con toda su familia. O sea que se siente más español que mexicano. Todos estos años ha vivido en Barcelona y el último año en Chicago, realizando un máster en biotecnología, carrera que estudió en la UPC.
Sus planes son encontrar trabajo en Chicago y después de casarse, lo hará pasado el verano con la novia española de toda la vida, trasladarse definitivamente a los Estados Unidos y formar una familia. A eso se le llama planificarse...
Al ver cómo se abre mi compañero Jorge, a mi también me da por hacerlo y le cuento mis últimos episodios vitales, sobre todo a nivel profesional. Tampoco es cuestión de entrar en temas muy personales.
Antes de que nos traigan la comida, Jorge, que en el último año ha viajado como cuatro veces a los Estados Unidos, me enseña el funcionamiento del equipo personal de televisión que se encuentra en la parte de atrás del asiento del pasajero enfrente mío.
En mi último viaje a América, ya había visto estas pantallitas pero no tenían tantas opciones como ahora. El nuevo modelo te permite escoger entre un sinfín de películas, series de televisión, canales de radio, juegos online... cuando y como quieras. Atrás quedan las cuatro pantallas colgadas 'estratégicamente' en la cabina de los pasajeros donde te tenías que tragar la peli que te ponían y, encima, no veías ni oías nada.
Comemos el típico menú de avión consistente en pollo o pasta (?) con ensalada, un bollo de pan, mantequilla, queso y galletitas dulces y saladas. Para cuándo un menú como Dios manda en las alturas?
Después de comer, toca peli, Jorge, 'Inside Job', y un servidor, 'Origen'; siesta de dos horas; y otra peli, Jorge, 'Sin compromiso', el menda, 'El cisne negro'. Portman triunfa...
Por suerte, ya falta menos de dos horas para llegar a nuestro destino, ya que el cuerpo ya no da más de si en la posición de 'cuatro'.
Media hora antes de aterrizar nos da un 'cacho pizza' que nos comemos entre turbulencia y turbulencia, y nos sienta como una patada en el estómago pero hay hambre.
Aterrizamos a la hora prevista, 14 h., a pesar del retraso en la salida, y conseguimos salir del aparato media hora después que los de 'business', al encontrarnos en la última fila.
Ya estamos en Atlanta. Ahora toca el 'Momento Inmigración'... Oh My God!
Continuará...